Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

martes, 29 de julio de 2008

La Casa del Voodoo



Te digo que los entreveía, que Nora hablaba con él desde el suelo, y entre cobras, vacas y gatas de yoga coqueteaba con él, sí, con su marido, Monsieur Didier Py. No, sí se puede coquetear con el propio marido, si él te dice, mi ratita, mi ardillita, y ella dice no, esta es la cobra y esta la vaca y esta la gata, y él, mi hamstercito, ¿qué vas a traer en tu zurrón en este día tan arduo de trabajo que te espera? En Navidad no puedes traer los mismos regalos que traes durante el año, y ella se restriega contra él como un gato, porque él está siempre de pie con el brazo extendido y la mano floja, como un arzobispo, y ella alisándose el pelo con la mano de aquél, si esto no es coquetear, o mandar a paseo a todas las neuronas de un ser humano, dime qué es.

Pues con esta escena me recibió, por así decirlo, Nora. Tuve un aperitivo de lo que era su vida, que me imaginaba, conociendo la altivez de su cónyuge, y la automática pleitesía de Nora ante los hombres. Pero, oye, tras esta pantomima y desaparecido su santísimo marido, Nora se enfundó en su piel, como un cirujano se ajusta los guantes, y se presentó ante mí. Nada, ni rastro de la oca desgarbada de antes, se abalanzó sobre mí con la habilidad de un prestidigitador y me robó el cigarro que me acababa de liar, una sonrisa amplia, sí, pero con su habitual actitud arisca, porque con sus amigas sí que es un gato Nora, nada de besos a pesar de los ocho años sin vernos.

Estas hecha una raspa, le dije y ella, pues he cogido dos kilos, y yo que lo decía por su árido recibimiento no quise contradecirla. Y ya puestos, seguí con el antes por lo menos te matabas de hambre por tu carrera en la moda, fue tu ambición lo que te trajo hasta Paris desde Varsovia. Recuerdo como te admirábamos, las menos, precisé, las más te odiaban, deseaban que te hinchasen como un globo, o te quedases calva de hambre, lo que indicaba aún más la unicidad de tu caso, pero ahora, ahora te matas de hambre por ese…y no supe qué adjetivo darle pues ya me había excedido en mis palabras. Por un momento la vi ensimismada, con los ojos en alto y una sonrisa enigmática que tenía el peso de un sueño, pero bajó y me aseguró que al monseñor Py le gustaba con unos kilitos más pero que ella no se veía a sí misma con todas aquellas curvas, con la “mujer subida”, como decía Nora para referirse a las redondeces de la edad.

No, no te engañes, sabes que tu delgadez es extrema, lo haces porque temes perder a tu señor marido, porque sabes que para él no eres más que un flexo Philippe Starck. Yo ya estaba encendida. Mira, Ruchla, creí que habías venido a ayudarme, ser mi apoyo en esta casa llena de gente, no a dar por culo. Entonces recuerdo me continuó diciendo: tu “misandría” no te llevará a ninguna parte. ¿Sabes que si coges un grupo de erizos hembra y los alejas del sexo masculino empiezan a tener hijos exclusivamente machos?

Este comentario, extraño y tan suyo, como mujer púa que era, nos hizo reír y olvidar cuanto dicho. Si voy muy rápido, dímelo. Quiero que sepas todos los detalles para que me des tu opinión. La situación es grave.

Bueno, el hecho es que dijo, vamos, que tengo que comprar. Salimos a una helada mañana parisina. Nora, a lo suyo, danzaba como una mariposa: ¿Maloles? No, ¿Lili & the funky boys? Me tiró de la manó y aterricé en un tal Antik Batik. La tienda parecía una estancia de un Guggenheim, esos vanguardistas museos, ostentosos por fuera y desnudos por dentro. Vamos, que no hacía falta mirar los precios, bastaba con medir la altura de los techos. En tales espacios, las prendas infantiles desde luego que parecen diamantes. Cette adorable robe tricotée à la main en 100% laine d’alpaga est tres souple et confortable. La laine d’alpaga est une fibre noble…la dependienta, una encantadora de serpientes, soltó una nebulosa de palabras eterna, a la que Nora respondió sacando su móvil. Se cercioró de las tallas de sus dos princesas con la nodriza, y nos llevamos un par de completos para cada angelito.

Ay, que estrés, dijo, anunciando que se había bajado un momento del mundo de glamour. Dio un sorbo a su Perrier con hielo y mucho limón y continuó. Es que es un trabajo como cualquier otro. Tengo que saber que es lo más in en ropa de caballero, de mujer y de niños, lo más in (perdona el careto, pero el anglicismo lo merece) en muebles, en arte, en iluminación, en ocio, en vacaciones, créeme que no paro. Y ahora con más razón, te lo he dicho, ¿no? ¿Que han ascendido a Didier? Carcajada (antes Nora no reía por estas tonterías). ¿Te has enterado del escándalo de la Banque Generale? Sí, ese del operador de bolsa que ha evaporado un 10% de la capitalización bursátil del banco, pues bien, el director financiero ha saltado por los aires, y voilà Didier es el nuevo CEO del segundo-Banco-de-Francia, 3 millones de euros, más de 100 veces más que el salario medio en Francia. De la inclinación de sus manos me pareció entender una reverencia, que yo no aplaudí. Nora cogió la provocación y disparó un mi posición es mejor que trabajar en una fábrica planchando prendas, ¿o es que tú te sentías más realizada así?

Contraataqué con mi tesis. Me alegro de que te des cuenta entonces de que tu vida es un trabajo y tu matrimonio un contrato laboral. ¡Qué pena que casi siempre todos los empleados se burlan, incluso odian a sus empleadores! Avísame cuando te despidan. Tendrás tu "subsidio al desempleo", pero tendrás que buscar otro “empleador” rápido, porque al otro mundo laboral dudo que consigas reentrar jamás si no empiezas ya. Sus ojos empezaban a afilarse. Intenté conciliar con un ¿es que no necesitas sentir algo como tuyo?, ¿que creas, que aportas algo?

Me escupió un ¿quién te has creído que eres? No soy una inútil. Y yo, Nora, pretendo demostrar lo contrario. Te he dicho antes que todas te admirábamos porque habías llegado hasta Paris por tu tenacidad y tu talento, y tu belleza. Pero, precisamente por esto, ¿dónde está la vieja Nora?, ¿desde cuándo te has convertido en esa buena, dulce, indefensa, inconsciente niña que he visto esta mañana?

Sus párpados cayeron y me mostró una sonrisa temblona. ¿Te puedo contar un secreto, algo que he hecho de lo que me siento particularmente orgullosa? No lo puede saber nadie. Es peligroso, Didier me dejaría.

Cubrí su temblorosa mano con la mía a modo de respuesta y ella me soltó que había ayudado a una pareja a tener un hijo. ¡Imagínate mi decepción!, yo me habría esperado algo, no sé, tórrido, como lo había catalogado de peligroso, su marido podría incluso dejarla por ello, pues qué sé yo, se me había pasado por la cabeza una película porno, ¿no? ya se sabe, el mundo de las modelos, por desgracia, dicen no estar demasiado alejado del negocio del sexo.

Que pensándolo mejor no creo que Nora estuviese orgullosa de haber protagonizado una película pornográfica, que sus dotes interpretativos y habilidad requiere, no te creas, bueno no es que yo entienda de estos menesteres, bueno, que volvamos a lo que nos interesa, que le dije, no sin cierto desdén en mi voz, y ¿qué has hecho, de comadrona?, ¿has hecho de benefactora? O, ¿les has recomendado un médico de reproducción asistida?

Caliente, caliente, me dijo. Di mi vientre en alquiler. Cortó en seco el pero que yo comenzaba a lanzarle, y me puso en situación. ¿Recuerdas que apenas casada, Didier perdió su trabajo? Ya teníamos un standing que defender…Él estaba completamente desmoralizado, de hecho, se le diagnosticó una depresión profunda. Veía, además, que el tenerme cerca, en vez de ayudarle, era un peso para él porque era como si le estuviese echando en cara que no podía concederme todos mis caprichos, ¿sabes?. Yo pues me puse a ahorrar en pequeñas cosas, ¡pero esto le insultaba aún más!, así que, tras consultárselo a su psicólogo, decidí volver a Varsovia una temporada.

Tú no estabas, me dijo (y ya te creo porque la habría puesto a parir), volvamos, tú no estabas. Era la época en la que, además, mi padre estaba muy enfermo. Por ello quedó natural, casi diría fue un golpe genial, y no me mires así después verás, y, en parte, era algo que tenía que hacer, de hecho, mi padre murió al poco de mi parto. Bueno, toma nota, aproveché la muerte de mi padre para tapar mi acción. Eso es, el dinero que recibí en pago por mi labor en esta maternidad subrogada quedó como si fuera la herencia de mi padre…

Y entonces Nora soltó una pequeña carcajada de éxtasis, y una vez más abrió sus manitas a modo de reverencia: ¡voilà dejé muy bien a mi familia!, como Didier siempre nos había dado de muertos de hambre. Yo me quedé de piedra, ¡increíblemente estaba orgullosa de todo esto!

Continuó: la otra parte contratante es un matrimonio de la alta sociedad de nuestro país, pero por motivos de confidencialidad prefiero no decirte quienes son. Se portaron muy bien conmigo en todo momento, me trataban como si fuese un don del cielo, con una dulzura extrema, dijo (¡qué exagerada!). Venían muy a menudo a visitarme, sobretodo la futura mamá. De hecho, me siguen escribiendo, me ponen al día de la vida de Jaroslaw. Es ya todo un hombrecito. Por supuesto, el contrato preveía mi sustento durante toda la gestación y después, en órdenes de grandeza, como pago al cumplimiento de la "obra", recibí lo que una persona de mi edad podía ganar en siete años entonces. Vale, no fue muchísimo, sobretodo para los estándares de Paris, pero sirvió para dar a Didier ese pequeño empujoncito de optimismo que necesitaba…y ¡mira ahora donde estamos!

Su cara al terminar este relato se me ha quedado grabada. Apretó los labios mientras sonreía y paseó sus ojos por el techo del café. Después me invitó a opinar con un soslayo picarón. Y salté, se lo dejé caer así tal cual, pues, ¿qué puedo opinar?, que estas loca o eres imbécil, o ambas cosas a la vez. ¿Has pasado por ese trance que es el embarazo por dinero?, ¿has arriesgado tu futura maternidad para dar un empujoncito al ego de tu marido?, ¿acaso él se ha preocupado alguna vez por tu autoestima? Y, ¿no pensaste en la posibilidad de que los padres naturales de la criaturita se pudieran haber echado atrás en su paternidad?, ¿te habrían pagado en tal caso?, ¿qué habrías hecho con el chiquillo en este supuesto?, ¿te habrías destrozado el cuerpo para dar un niño en adopción? Eres una descerebrada. Por no hablar de que, como sabrás, el vientre de alquiler es un delito en nuestro país…

No en Francia, se defendió ella, a lo que yo respondí que en la mayor parte de los países es un delito y que seguro que ella lo sabía. Pues, bueno, ¿y qué?, no debería ser un delito (¡esta chica es que se cree que esta por encima del bien y del mal!). Siguió, no veo a quien se haga daño. La madre de Juroslaw tenía miomas en el útero, por lo que se lo tenían que extirpar…lloraba de alegría cuando accedí al trato. Yo fui inmensamente feliz, más que en mis maternidades posteriores.

Y, ¿por qué dices eso?, pregunté. Prepárate porque ahora viene lo mejor. Pues, porque en mis maternidades, me sentía observada por demasiada gente, juzgada. Didier que si comía demasiado, y sus padres que demasiado poco, que me estuviese quieta, que estaba poniendo en peligro al niño, que se me veía triste, y que podía influir en el ánimo del niño, etc etc para después… ¡qué ironía! Recuerdo que resopló y se le cayeron los párpados como losas. Entonces me dijo esto por lo que estoy todavía rabiando y que me llevó a…Vamos por orden. Me dijo, en mis dos embarazos me han sacado a las niñas a los 7 meses de gestación. En el primero, empecé a tener contracciones desde el quinto mes, de Braxton Hicks se llaman, nada preocupante, dolorosas, pero sobretodo me constriñeron a un reposo estricto en cama. Didier no podía soportarlo. Venía por las noches a verme al dormitorio y se las pasaba, de lado a lado de mi cama, fraguando rabiosos monólogos sobre la inutilidad de mis días. Hasta que dio con la solución, la niña está bien, te la sacamos ya, te liberas de esta condena…piénsalo, y ¡nada episiotomía! Así te quedas perfecta para mí.

Cuando Nora me describió cómo su querido obsceno esposo le había dicho esta última frase al oído, me dieron tales nauseas que no dudé en mi acción, que es lo que quiero que juzgues. Hasta entonces pensaba en Nora como en una muñequita en su casa, pero en aquel momento la vi como un pelele de vudú, al que Didier, con la precisión de un acupuntor, iba clavando agujas que anulan su personalidad. Tan es así que de repente Nora se puso a desdramatizar la situación diciendo que estas cesáreas a los siete meses son una práctica común entre las modelos en Milán…No, no dude en mi misión.

Pasaron cinco meses en los que me centré en mi tarea de administradora de aquella inmensa casa, pero llegó. La única carta personal que había llegado en todo aquel tiempo. La mezclé entre las cartas de Didier, a sabiendas de que aunque se hubiera percatado de que el destinatario era su mujer, él la abriría. Y así fue. Aquella noche los gritos se oían en toda la casa.

Pero, inconsciente, ¿tú te das cuenta de lo que has hecho?, le reprochaba una y otra vez Didier a Nora. Te has saltado la ley de tu país a la torera, y no, no consiento que me digas que lo has hecho por mí, nadie se creerá que yo he salido adelante con las cuatro perras que sacaste con tu travesura, y esta travesura puede empañar mi nombre en un momento en el que no me puedo permitir ningún escándalo aunque sea indirecto, ¿lo entiendes? Pero, ¿a quién se le ocurre? No, no se hable más, pusiste en peligro tu futura maternidad para demostrar que no eres una inútil, pero si eres incapaz de hacer nada, esa no es mi culpa. Yo no voy a cargar con tu mancha. Y más te vale que esto no salga a la luz o…

¡Y entonces ocurrió lo impensable!

¿Inútil yo? ¿Mancharte yo, que lo único que hago es servirte y obedecerte? Transijo hasta el punto de dejar que me abran en dos y me saquen a mis hijas cuando sus pulmones ni siquiera estaban desarrollados. Parecían un amasijo de venas…quien puso en peligro mi maternidad aquí, imbécil? Pero no te preocupes, que no saldrá a la luz, o no estarás para verlo porque me voy, me voy.

El altivo señor Py reía diciendo donde vas a ir…pero por un momento dejé de oír. Lo siguiente que escuché fue un, ni te lo sueñes, no has sido capaz ni de educar a tus hijas, cómo puedes pensar que te dé la custodia, además, ¿qué ejemplo les vas a dar?, ¡no sabes ni alimentarte!, sólo sabes comprar tonterías…

Se escuchó un portazo, y así fue como Nora se fue de casa.

Bueno, dime ¿qué opinas?

--Que eres una hija de puta.

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En esta ocasión propondremos un cuento inspirado en Casa de Muñecas de Henrik Ibsen.


¿Por qué leer Casa de Muñecas? Es una obra de teatro escrita en 1879 que causó tanto admiración como escándalo en su época. Libros, lectio magistralis, siempre plagadas de controversia, fueron organizadas para comentar el libro y analizar el comportamiento de la protagonista femenina, Nora.


Con una escritura directa y tremendamente sencilla, Ibsen nos lleva a través de la transformación de Nora, esposa de Torvaldo, desde un juguete, un animalito féliz, un niño más entre los hijos del matrimonio, hasta un ser capaz de menospreciar la conducta ruin de su marido hasta tal punto de arrojarse a si misma a la miseria y a la completa ignonimia social, para demostrar su honestidad moral.


No quiero desvelaros el hecho, un conflicto que contrapone moralidad y legalidad como espero saber plasmar en mi cuento, que provoca el despertar de Nora, pues querría invitaros a leer esta breve pero intensa obra. Con mi cuento, espero demostrar cómo, aunque con matices menos marcados, los comportamientos de Nora y Torvaldo siguen vigentes hoy.


Con palabras de H. Ibsen:


“Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la mujer se la juzga según el código de los hombres. [...] Una mujer no puede ser auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina, con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde el punto de vista masculino.” (Notas para la tragedia actual. Ibsen.)


Con Casa de Muñecas, Henrik Ibsen fue catapultado a la fama rápidamente y a finales de siglo XIX no había país "civilizado" donde no hubiese sido representada. ¿Seguro que no queréis comprobar por qué?