Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

lunes, 27 de diciembre de 2010

El árbol del Bien y del Mal


—Soy el árbol del Bien y del Mal, soy el árbol de la verdad, de tierra, mar, y fuego, de las tinieblas y de la luz, del desierto y del maná, de lo carnal y lo espiritual, de lo eterno y lo efímero, que conozco el alpha y el omega, el que come de mi se igualará a los dioses, ¿entendido, serpiente? Éste es el mensaje que le tienes que dar a Ella, porque está escrito que Ella comerá de mi fruto. Así que no te estreses, serpiente, que verás que es muy fácil. Y es que no se podrá resistir porque yo conozco todos sus deseos, mi fruto es lo que ella quiere, en mi ve lo que en cada momento anhela: manzanas, uvas, cocos, una merluza fresca, un diamante, unas piernas más largas, 3 kilos menos, dos
tallas más de pecho…

—¡Serpiente, en posición!, que ahí vienen Él y Ella, solos en el paraíso, danzando como mariposas, ¿Qué dices, víbora? ¿Qué no están solos? ¿Qué hay un señor en el paraíso, con pijama?, y ¿con qué?, ¡ah!, lo de los bigotes es lo de menos, el pelo en el paraíso esta permitido, porque es salvaje, no, silvestre, eso quería decir, silvestre, ¡ah no, pero el pijama no! aquí todos desnudos, porque cuando Ella coma de mi fruto lo que tiene que ver es que está desnuda…que no, hombre, que no, no es para que quiera ponerse pecho enseguida, ssshhh, escucha...El bigotes que les pregunta si están solos, y sssh, y Él y Ella responden según el guión, son la primera pareja humana, ves, no hay nada que temer...el bigotes les invita despues de cenar, uhmm, que esto es ¿aburrido? ¿oigo bien? ¿Que no hay diversiones?,
¿no hay diversiones? Eso es porque no me conocen, serpiente, toma nota, eso también se lo puedes decir.

Pero a la serpiente algo le daba en la nariz y pronto la aprensión empezó a crecer en el reptil. El tercero en discordia, lejos de avivar el fuego, como lo hacía continuamente en la mente del árbol del Bien y del Mal, inciso, el árbol decía: Menage a trois, mírame serpiente, menage a trois, a ver víbora, tú miras fijamente al de los bigotes, que ya que los tiene será porque es un resabiado, y le dices, fijate bien, paseando esa lengua bifurcada que tienes por la boca mostrando el merecido deleite y dices menage a trois, menage a trois. Esto decía el árbol, sin embargo nada más lejos de la realidad. El del pijama había sumido a Él y a Ella en la dinámica de la sobremesa, de la tertulia y sentados bajo el árbol hablaban de cosas. Bueno, a decir verdad, enumeraban cosas o suspiraban...Eso, ¡Ah! Oveja, Cabra, Cerdo, ¡Cerdo!

En ese momento, el árbol, que todavía no había perdido la esperanza, dio un codazo a la serpiente.

—Esto se pone jugoso, ¡cerdo!, ¿lo has oído?, eso es un insulto. Te digo yo que esto del trío es una gran idea, no vamos a llegar ni a Cain y Abel. Sssh, escucha, escucha. El bigotes pregunta que si son matrimonio, ¿pues a ti que te parece?, tonto, ¿cómo? ¡Él y Ella han dicho que son hermanos!

El árbol habiendo oído esto dio un respingo tal que la serpiente cayó como manzana madura. Y
el árbol empezó a gritar a la víbora, muérdele a Ella y acaba ya con toda la humanidad,
¡Esto es ridículo! Esto no estaba en el guión original! El árbol del Bien y del Mal, del alpha y del omega, de la sabiduría, de vientos y mares, de sequías y abundancias, con olorosa fruta, pescado fresco, cartieres y visones, rugía.
—La desvergonzada le hace ojitos al bigotes, y nuestro joven Él pasmado.
Dicho esto le dejó caer un coco en plena testuz a Él. Por tonto.

Llegó una nueva primavera y Ella se quedó embarazada, para colmo. Esta vez fue la serpiente
quién agitó al árbol, que a duras penas abrió sus ojos.
—¿Y si le digo que los kiwis tienen muchas vitaminas, mucha fibra, eso, las mujeres se vuelven locas con eso de la fibra, y es que no hay nada como imaginar el recorrido del intestino, oye, y vamos que le vengo a decir a la futura mamá que los kiwis son lo mejor para la gestación?,¿Qué te parece?

No escuchando respuesta alguna del árbol, añadió.
—Porque aquello de asemejarse a Dios creo que no les interesa, pero para nada...

El árbol del Bien y del Mal, de la sabiduría, el árbol de la verdad, de tierra, mar, y
fuego, de las tinieblas y de la luz, del desierto y del maná, de lo carnal y lo espiritual, de lo eterno y lo efímero, el que conocía el alpha y el omega, bostezó, y entre somnolientos resoplidos dijo:
—No le pidas peras al olmo, serpiente, no le pidas peras al olmo.
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Os dejo un link al cuento original:

domingo, 6 de junio de 2010

¿Cuándo te vas a morir?


La cena se enfriaba en la mesa. No es lo que parece. Su mujer alza una ceja y afila los ojos. Quizás, le has visto tú, continúa. ¿Un sujeto alto y delgado como un ciprés, con un sombrero de paja terminado en capirote y ala ancha, barbilla puntiaguda como una proa? Buscaba a Francisca desde la mañana, la que nunca se iba morir, mil años, puro nervio... Yo todavía estoy temblando pero Modesto. Figúrate que le ha bromeado como siempre, Francisca, ¿cuándo te vas a morir?

Y en ese momento ha salido su mano huesuda y amarilla de encima de una tapia y “quejjjj”, mató a Francisca.

Microrrelato inspirado a "Francisca y la muerte" de Onelio Jorge Cardoso.

sábado, 1 de mayo de 2010

Ronaldo Menéndez, entrevista


Ronaldo Menéndez, Premio Casa de las Américas 1997 y autor, entre otras, de las novelas Las bestias y Río Quibú y de los libros de cuentos De modo que esto es la muerte y del recientemente publicado Covers, habla con Cabrastú.

    Cabrastú: Un hilo conductor de tus obras, Las bestias y Río Quibú, es el hambre, un hambre físico, carnal, primitivo, desesperado, caníbal y, en cierta medida, enigmático. ¿De qué tiene hambre Ronaldo Menéndez? ¿Qué hambre esperas en tus lectores?

    Ronaldo Menéndez: Tengo hambre de otros cuerpos, de otros libros, y de otros paisajes. Y de los cuatro elementos: viento, fuego, tierra y agua. ¿Mis lectores? Cada palabra es como una gominola, o como un fruto seco, o como la fibra de distintas carnes recién horneadas, o como un rollo de maki… Espero que sepan comer no solo según los francos sabores, sino también las texturas, los matices, los aromas…

    C: Rio Quibú, a parte de ser un libro trepidante, por su acción, por su escritura ligera en peso pero rica en matices (adjetivos certeros y reveladores, ninguno sobra), es toda una clase de literatura contemporánea. Encontramos un Aleph de Borges, una Noche boca arriba de Cortázar…Además cada capítulo, breve, a veces de dos páginas, es completo como un cuento. ¿Podrías hablarnos de estas dos estrategias?

    R.M: No recuerdo cuál fue el filósofo que dijo: “Si mi carne se alimenta de la carne bruta de oveja, ¿por qué mi alma no puede nutrirse del alma de otros hombres?” No es una idea demasiado original, pero tiene algo que responde en parte a tu primera afirmación: Si de manera ‘natural’, la literatura se alimenta de literatura, ¿por qué no asumir un gesto de humildad dejando ver, de vez en cuando, quiénes están detrás de lo que hacemos? Humildad, pero también tesoros ocultos, tentativas lúdicas. Por lo demás, el cuento es una órgano tan estéticamente perfecto, y somos por naturaleza tan ‘cuenteros’, que creo que vale la pena pasarle al lector de novelas, como de contrabando, esa criatura delicada y eficiente que es el cuento, capítulo a capítulo. Quien se da cuenta lo agradece. Quien no, también.

    C: A menudo se te compara con Quentin Tarantino, un Tarantino literaturizado. ¿En qué medida crees que esta apreciación es acertada y en qué medida restaría creatividad a tu obra, sobretodo comparándote con un autor que es famoso por inspirarse, hacer un collage de historias?

    R.M: Me gusta la comparación porque creo que nadie inteligente se la tomaría demasiado al pie de la letra. Ahí está la letra que lo dice todo. ¿Te imaginas que un día alguien le diga a Tarantino que es un Ronaldo cinematografiado? Creo que primero pensaría en el futbolista y no entendería nada.

    C: En Río Quibú dibujas una mujer, dos mujeres para ser exactos, exclusivamente sexuales, que además gustan de ser violadas. A parte de sexualidad como única esfera de libertad en la isla de tu libro, ¿qué mensaje querías transmitir, qué móvil persigues con esta controvertida imagen femenina?

    R.M: No quise transmitir ningún mensaje, que para eso están los teléfonos y las palomas mensajeras y los presidentes de gobierno. Pero si algo subyace parecido a un mensaje es que en cuestiones de sexualidad todo, o casi todo, vale, menos lo que no es de mutuo acuerdo.

    C: Siempre has eludido mencionar Cuba como el nombre de la isla que aparece en tus libros. Sin embargo en Rio Quibú pintas claramente un affresco (me gusta llamarlo así pues da la idea de cuadro expuesto a la inclemencia del entorno) de Cuba, una Cuba muy actual, con un General muy enfermo. ¿Crees que eludiéndolo el lector hará más fácilmente un ejercicio de universalización del problema de la miseria y de la falta de libertad?
    R.M: Creo que es una ilusión de universalidad lo que persigo con eso. ¿Se consigue, mostrando un trozo de hielo, que la gente piense en los esquimales? Depende. Digamos más humildemente que no me gusta la palabra Cuba, suena a borrachera. A borrachera de política necia, de ideologías simplistas, de tomas de partido superficiales. Y el ser humano debería trascender su circunstancia aunque la circunstancia pese. Ser humano es mucho más que ser cubano.

    C: Tu próximo libro es un libro de Covers, de versiones, un poco como este blog, de cuentos inspirados a otros cuentos, a personajes…¿qué clase de covers nos propone Ronaldo Mendendez y por qué ofrecer un libro de covers hoy?

    R.M: No es del todo exacto decir ‘tenemos memoria’, sino que ‘somos memoria’. La memoria no es una habitación a la que entramos de vez en cuando a buscar algo, sino que estamos constituidos por ella de una manera absoluta. Cuando escribo vivo una aventura en muchos sentidos, y uno de sus aspectos fundamentales es esa relación con la memoria literaria. Saltan en mis líneas, sin yo mismo controlarlo del todo, la literatura de la que estoy hecho. Esa es la génesis de los Covers. De ahí que muchos de los juegos del libro no sean apropiaciones directas, sino la presencia de un elemento, a veces casi invisible, que pertenece a otro autor, pero que al tomar forma en una nueva historia, es reinventado.

    C: Por último, una pregunta sobre la esfera literaria actual. Se publican muchos libros pero cada vez más a menudo las librerías se ven obligadas a cerrar. ¿Cómo se ve la industrial desde dentro y qué consejos darías a un aspirante a escritor?

    R.M: La industria del libro sufre una crisis severa. La saturación de mareantes tiradas, de vitrinas engañosas, la avalancha de títulos, tiende a desconcertar al lector. El único consejo que se le puede dar a un escritor es que lea, mire hacia otro lado, y escriba. El acto de escribir, cuando en verdad lo necesitamos, nos otorga un placer inefable, algo que solo se consigue escribiendo. Y esa especie de felicidad ya es ganancia.

    Muchas gracias, Ronaldo. ¡Qué ganas de sumergirme en Covers, en soledad y compañía!

lunes, 29 de marzo de 2010

Cruzada de brazos produzco perlas




¡Imbéciles! ¿No saben que cruzada de brazos produzco perlas? Parecía decir su mirar tedioso y altivo, sus ojos de luna que todo lo han visto, su boca siempre entreabierta que preguntaba ¿qué quieres?, ¿y tú qué miras? Yo no me levanto por menos de diez mil euros diarios parecía decir mientras realzaba sus pestañas o se pintaba las uñas con la precisión de un coche metalizado. Pues eso, que cuando vi lo que bajaba por sus uréteres, se me escapó un monina, te vas a tener que levantar porque no es precisamente una perla lo que estas produciendo de brazos cruzados.

domingo, 28 de febrero de 2010

Cosas de película


Por cierto, ¿hoy es domingo? y puso pies en polvorosa. No digo que fuese la primera vez que me ocurría, la hora de la verdad es la del desayuno, se sabe, pero al menos si hubiese dicho otra cosa, incluso un grito, un grito lo habría entendido más. ¿Hoy es domingo?, y salió corriendo, y yo detrás, recogiendo besos y caricias de la noche anterior como hojas de otoño. El portazo de la calle me devolvió a la realidad y lo vi. Lo único que me había dejado de él. Un papel caído en el pasillo. Lo volteé y ahí estaba, la Purísima Concepción mirándome con devotos ojos. ¡Y yo que pensé que esto sólo pasaba en la tele!

jueves, 4 de febrero de 2010

La medusa bicéfala


--Júrame que no follaras nunca más con otras, o nuestra historia ha terminado

Esto es lo que me dijeron las gemelas Elke y Anna mientras me ofrecían el habitual té. Todavía recuerdo como agarraba esa taza ardiente absorta en el tentativo de entender aquella denuncia. Yo tenía 18 años.

Elke y Anna, las conocía desde tiempo, exactamente desde cuando comencé mis clases de alemán, 4 años atrás. Siempre había querido aprender un segundo idioma extranjero, así cuando encontré en el buzón la publicidad de una señora que daba clases a 5 minutos de distancia, no lo dudé un instante.

Las clases siempre comenzaban con un tonificante té que sus hijas, tres años más jóvenes que yo, me servían en la cocina en una taza con dibujos estrictamente tiroleses, a veces estilo vaca, otras con ocas de pico amarillo limón y lazos azules al cuello, este tipo de cosas de delicado gusto germano. Durante aquel breve ritual nunca intercambié grandes palabras con las gemelas y siempre salía de la cocina con la misma impresión. Elke y Anna eran las gemelas más idénticas que jamás hubiese visto el ojo humano y no sólo en términos físicos sino de comportamiento también. De hecho, cuando hablaba con ellas era como jugar al tenis, yo contra dos contendientes. No hablaban nunca entre ellas, sino como a través de mí. En realidad ni siquiera se miraban la una a la otra, parecían caballos con orejeras, condenadas a mirar siempre de frente. Por ello, cuando escuché aquel ultimátum, tuve que estudiar atentamente cada una de las palabras contenidas en la frase: ¿iba dirigida a mi?, o, en cambio, ¿a una de las hermanas? y, en tal caso, ¿a cual de ellas?, La verdad es que nunca supe de qué boca había salido la sentencia.

Para no herir sus sentimientos pidiendo explicaciones, recorrí con la memoria cada detalle que recordaba de aquel único día que podríamos decir que tuve algo con ellas: el fin de año pre siglo XXI.

Los padres de las gemelas, como buenos alemanes, se habían marchado cuatro días a las islas Canarias y habían confiado la custodia de la casa a éstas no sin animarlas a organizar una fiesta en ese día fatídico:

-- Con que dejéis todo limpio, a nosotros nos parece bien. ¿Por qué no invitáis a Madga? Seguro que así conocéis gente y además os controla un poquito.

Dicho y hecho, cuando Elke y Anna me lo pidieron, no me lo podía creer, ¡era justo lo que nos faltaba, una casa! Invité a Barbara, Amaya y Ruth, más conocidas como las tres “Godivas”, por su pasión por el chocolate, indudablemente, pero sobretodo por su afición a los placeres carnales. Además invité al profesor de tenis, Gonzalo, protagonista de innumerables leyendas amorosas del barrio, el no menos camelador Jaime, hermano de Ruth, que hechizaba a todas con sus pinturas y gravados, el revolucionario Gorka, ventiañero que reivindicaba todavía los valores del Che, y el no menos colosal Ivan, pivot titular absoluto del equipo de baloncesto de mi pueblo. ¡Uno para cada una! Era perfecto.

La fiesta trascurrió como todas las bacanales que incluyen los siguientes ingredientes: fogosos chavales, chicas lúbricas y alcohol mezclado con otras bebidas etílicas meticulosamente combinadas por el respectivo depredador.

Me acuerdo que estaba hablando con Jaime en el sofá rojo del salón, el mismo sofá donde las gemelas se sentaban a leer durante mis clases, compartiendo un libro, rigurosamente unidas. De hecho, estábamos hablando de ellas dos, del sincronismo de sus movimientos, decíamos que parecían las olas de un mar representado en el escenario de un teatro de barrio, hablaban como acunando su timidez, como las sombras chinescas de un dromedario que vagasen por el pasillo. Reímos pensando que un imán las mantuviese unidas en un estrecho paralelo. Pero sobretodo bromeábamos sobre el hecho de que seguramente, todavía a aquella edad, iban juntas al baño. Y así hicimos el siguiente pacto: Yo entraría al baño cuando ellas estuvieran dentro para contárselo a Jaime. Quería observarlas mientras hacían pis,¡no podían hacerlo al unísono!

En realidad había olvidado ya nuestro acuerdo cuando Jaime me tocó el muslo. Por inercia, me levanté tambaleando, sonreí a mis cuatro presas y girándome hacia Jaime le hice Ok con el pulgar de la mano derecha. Efectivamente vi que habían entrado en el baño. Estaba borracha por lo que me pareció justificado abalanzarme dentro. Y ¡Entré!... ¡pero me pareció intuir que aprobaban mi presencia! Su tez resplandeciente como la luna y su carne blanda como el tocino tembló y se tensó dura como la piel de un delfín. Visto y no visto, se me echó encima y me encontré sumergida entre los brazos de una medusa bicéfala que me lamía, lamía mi cuerpo ávidamente, como una perra a su cachorro recién nacido. Me sentí confusa, vencida, despedazada como las costillas de una vaca en manos de un carnicero cuchillo en mano y sucumbí al placer de estas dos hambrientas sirenas...

Estos y no otros son los indicios que encontré en el fondo de mi taza de té aquel día, pero jamás me habría imaginado que las gemelas pensasen en ese episodio como en el inicio de nada. Aunque lo que más me apremiaba era entender si en aquel “otras” se incluyesen los hombres, ya que huelga decir que me gustaban, ¡tanto! Sin embargo callé y me ahogué en la mirada de mi medusa bicéfala.