Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

domingo, 20 de febrero de 2011

Philippe Jaroussky: una cometa en el viento.


Y en cambio no podía ser de otra manera. Le vi completamente sólo en el lobby de un hotel, sin acompañante, sin fans acosadores o tímidos mirones. Los recepcionistas tampoco le adulaban. Simplemente reinaba el silencio, la inmovilidad del tiempo que tantas veces él nos regala con su voz.

Yo le hubiera dicho precisamente eso, que como Tiffany’s a Holly Golightly, su voz me hace sentir que nada malo me puede suceder, ni a mi, ni a nadie. Siempre que la voz de Philippe Jaroussky flote, me acaricie el pelo y entorne mis ojos, las nubes grises de mis días se desvanecerán. Y las de todo el mundo que le escuche.

Había aterrizado en Bruselas el 17 de abril de 2009 para ver la opera Lucia di Lammermoor en
La Monnaie esa misma tarde y al día siguiente cumpliría con ese anodino instinto que tenemos muchos españoles de no
dejar de visitar en la vida la ciudad belga de Brujas. Pues apenas apoyé mi trolley en la pequeña habitación de mi hotel franquicia española, la guía de eventos sobre el escritorio me anunció que el domingo19 de abril de 2009 Philippe Jaroussky daría un recital en La Monnaie.
Yo partía ese día temprano en la tarde, ¡qué rabia! ¿Cómo podía haber sido tan despistada?
A pesar de la frustración, salí del hotel como quien recibe a la primavera. El velo de humedad que fluctuaba por el casco histórico de Bruselas era un espíritu que reanimaba las calles abandonadas de oficinistas y ministros, y así me parecía que en cualquier momento el alegre caminar de Philippe Jaroussky podría saltar tras cualquier esquina, soñando también él con los paseos ancestrales de sus precursores y con los compositores que en breve resucitaría.
Junto a una Affligem y observando como la espuma se aferraba al cristal en una batalla por no sucumbir a la gravedad y al tiempo, volé de nuevo a él. Pensé en su tesón.
Philippe Jaroussky se impregna del alma del autor a través de partituras y manuscritos que lee con ojos y manos (con éstas embruja las páginas) y se transfigura pudiendo parecer angelical como es él, o diabólico y pérfido como nunca nos lo hubiéramos imaginado. Su voz, sus manos, su porte, todo él se transforma. Además y no por restarle mérito sino más bien dando gracias a Terpsícore, progenitora de las míticas sirenas, Philippe Jaroussky es el perfecto héroe
barroco: joven, guapo e intrépido. Verle actuar, excelso, con brío y siempre entregado al límite, es una delicia. ¿No estará Philippe Jaroussky en esta misma taberna?

Veo la espuma de mi cerveza y pienso en las sirenas. Sí,
la voz de Philippe Jaroussky rapta y encanta. Puede ser que resulte demasiado aguda la primera vez que se oye, pero a la segunda ya has caído en sus redes. Es una voz que te envuelve como una cinta al viento, despertando rincones del alma en un delicado
hormigueo que después se transforma en salto y en vuelo.
Un vuelo hacia metas más altas, las que él se fija cada vez. Y las perseguirá con la
sonrisa y la emoción de un niño. Sus entrevistas y actuaciones son una continua prueba de esto, siempre el respetuoso temor al reto y siempre el posterior agradecimiento a sus compañeros entre aplausos y ojos brillantes del logro. Philippe Jaroussky siempre cede el primer aplauso a sus compañeros antes de esperar el propio.
No, definitivamente no coincidí con él en el restaurante que elegí en Bruselas aquella noche.
Al día siguiente, Brujas me recibió con un sol esplendido y su belleza de cuento animó mis prolíficos sueños sobre el paradero de Philippe Jaroussky. Una ciudad tan poética era fácil que evocase intérpretes de fábula como debieron ser los castrati, niños que tras la eviración vivían exclusivamente para cantar, dioses como artistas, invisibles como personas, y abandonados cuando terminaba su arte.
Los contratenores como Philippe Jaroussky nos devuelven la dulzura y la flexibilidad de sus voces. Para ello, cantan con la parte externa de sus cuerdas vocales, trabajando la voz de cabeza, con lo que consiguen emitir un sonido rico en matices, vibrante y de mayor resonancia que la tradicional voz de pecho. Una voz que sube hasta tonos altos de mezzosoprano y que puede bajar hasta un timbre de barítono y así sorprender con su complejidad, su equívoco.
Una voz que se propaga como una cometa en el viento.
¿Mis pensamientos se propagaran también en este aire azul de Brujas, entre estas casas del siglo XIV? ¿Le llegarán? Él que ha rescatado a castrati desconocidos hasta ahora como Carestini (al que ha convertido en super ventas), o recientemente a compositores como Caldara para reconocerles 300 años después el precioso valor de su obra, para devolverles la vida a estos seres que eran voz, debe coincidir conmigo en que la felicidad, el sincero agradecimiento, seguramente vuela hasta nuestros ídolos.
Sin embargo, tampoco ese día ni esa noche supe si le habría llegado. Quedaba ya sólo la mañana del domingo.
La mañana siguiente amaneció con nubes y claros y aproveché los caprichos del cielo para darme una última vuelta por la Grand Place, comprar unos chocolates y beber una última cerveza antes de las 12.00 que tocaba hacer el check out. Caminaba cabizbaja, riéndome de mí misma, reprochándome haber sido tan niña de fantasear todo un fin de semana con el destino de encontrarme con Philippe Jaroussky. Así llegué al hotel. Entré en las puertas giratorias y cuando me soltaron en el lobby, el tiempo se había detenido. Philippe Jaroussky alzaba su mirada hacia mí, tímido, la frente fruncida como cuando pregunta en silencio cómo ha quedado un aria, y después continuó con su check in. Por mi parte, que me había convertido en gato o pez de escayola, atravesé el lobby regañándome y mirando al frente, evitando el mostrador, ¡veía visiones, no podía ser él! Era alguien que se parecía. Tomé el ascensor. Se parecía mucho, me decía a misma.
Pero cuando bajé a hacer mi check out no pude evitarlo y pregunté:
--Perdón, ¿no sería Philippe Jaroussky el que estaba haciendo el check in hace 5 minutos, verdad?
--Sí, ¿por qué?, ¿es alguien famoso?
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En la reflexión del día os dejo un link a un video suyo sobre el Orlando Furioso de Vivaldi
Si te ha gustado este artículo, no te pierdas su entrevista en Cabrastú Philippe Jaroussky: Sempiterno