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Truman Capote, magistral camaleón

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U na nueva cita del club de lectura, la de marzo, nos reservaba una clase magistral, teórica y práctica, de la literatura y estilo del genial Truman Capote. Y es que el libro Música para camaleones publicado por Anagrama lo es ya de por sí. La parte teórica corresponde al prefacio, donde Truman se desnuda y habla abiertamente de lo que es la literatura para él: un noble pero implacable amo. Dios concede un don pero con él viene también un látigo, cuyo uso es exclusivamente la autoflagelación, confiesa el escritor. De hecho él dice sentirse como un tahúr, un jugador de cartas que no sabe si vencerá la partida. Capote sabe tener el dominio de la técnica, él que ha ensayado todos los días durante 14 años de su infancia como lo haría un estudiante de violín, pero, ¿dónde reside el genio? Le atormentaba la idea de que la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte es sutil pero brutal. Y fue en aquel divagar que descubrió su estilo: la novela periodística debería tener la...

Deshilvanando misterios con David Torres (Todos los buenos soldados)

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E l pasado mes de febrero, en el club de lectura que dirige el escritor y amigo Ronaldo Menéndez, contamos con la presencia de David Torres, autor de la perspicaz novela que habíamos elegido para ese mes, Todos los buenos soldados . El diálogo con él, así como su novela o su arte de escribir, fue como deshilvanar lentamente y con gusto un misterio. La conversación se inició poniendo una primera etiqueta a la novela: híbrido entre novela negra e histórica. Que no policial, matizó David, pues en la novela negra el crimen es una excusa. Torres se definió como un escritor de jazz que no planea sus novelas, sino que deja que éstas le vayan sorprendiendo. ¿Y qué es lo que más ha sorprendido a David de esta novela? El personaje de Adela, que en un principio era plano. No desvelaré nada de este enigmático personaje, pero sorprendido él y muy sorprendidos nosotros. David continuó definiendo su escritura como un acto "platónico", como si escribir fuera descubrir, cincelar...

Cabeza abajo pende

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U na hoja pende de la red que cubre el patio interior de mi casa. Cabeza abajo pende de su sutil tallo y de dos finos dedos inventados por su cuerpo de estrella. Se deja mecer tibiamente por la brisa de la mañana, como el péndulo de un reloj sin cuerda, y decide si caer  o seguir agarrada, a una verja. Arriba un cielo azul, abajo un suelo mojado. Campanas de una iglesia cuentan diez, pero la hoja sigue temblando si caer, o seguir en el hierro de su verja.

Como callan las amapolas, como amapolas, brotan

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L a luna trasparente, como una oblea, quiere esquivarme en un cielo azul pastel. Un fantasma, una mensajera asustada, un confidente, la luna. La luna es una, y tiene tu misma mirada fija, de pestañas largas y lisas, así que comienzo despacio, bajito, inundada de luna y con un leve balanceo, como la amada en el balcón. Empiezo a hablarte y te cuento, nada, que la primavera ha sido muy lluviosa, y fresca, tanto que la gente se queja de que no ha habido primavera. Todos los días ha llovido, o casi todos, tal vez algunos días sólo cuatro gotas, pero todos los días. Ha llovido. Fieles a la lluvia. Sin embargo, yo habría dado un brazo por mostrarte los campos de amapolas, ¡cuántas han salido este año! Parece que se hubiera vertido un jarrón de besos, pero no cualesquiera, sino esos secretos, escritos, sellados, callados, como callan las amapolas. Aunque tal vez no, y ¿si al campo le brotase el dolor como amapolas?    Los campos se han llenado de flores. Ríos. Cada sábado los...

El eco de la soledad

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N o son latidos, es el eco de la soledad. Pero esta lluvia interior mantiene vivo a mi helecho, y así puede hablarme con sus temblores, su rocío plateado y su aroma, a tierra y a almendros.

La historia de siempre de la ausencia de cielo

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T e lamentabas de la ausencia de cielo, pero me pregunto, ¿el cielo puede pedir una ventana al cielo? No, yo creo que puede pedir que dé al mar o pedir una luna para que enigmáticamente salte de un lado a otro, entre velos, haciéndole cosquillas en el vientre un sol que lata fuerte y le dé calor o pedir un gato que juguetón deshilvane las madejas de las nubes No, cielo, no puedes pedirlo. Si quieres te traigo un espejo, mientras decides si prefieres que yo sea mar, luna, sol o gato

La devoradora

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L a cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora , junto con todo aquello que más le gusta a ésta, braguitas y calcetines. Al amor lo devora el tiempo cantaba Chavela Vargas.  Pero ella tiene prisa.