Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

sábado, 1 de mayo de 2010

Ronaldo Menéndez, entrevista


Ronaldo Menéndez, Premio Casa de las Américas 1997 y autor, entre otras, de las novelas Las bestias y Río Quibú y de los libros de cuentos De modo que esto es la muerte y del recientemente publicado Covers, habla con Cabrastú.

    Cabrastú: Un hilo conductor de tus obras, Las bestias y Río Quibú, es el hambre, un hambre físico, carnal, primitivo, desesperado, caníbal y, en cierta medida, enigmático. ¿De qué tiene hambre Ronaldo Menéndez? ¿Qué hambre esperas en tus lectores?

    Ronaldo Menéndez: Tengo hambre de otros cuerpos, de otros libros, y de otros paisajes. Y de los cuatro elementos: viento, fuego, tierra y agua. ¿Mis lectores? Cada palabra es como una gominola, o como un fruto seco, o como la fibra de distintas carnes recién horneadas, o como un rollo de maki… Espero que sepan comer no solo según los francos sabores, sino también las texturas, los matices, los aromas…

    C: Rio Quibú, a parte de ser un libro trepidante, por su acción, por su escritura ligera en peso pero rica en matices (adjetivos certeros y reveladores, ninguno sobra), es toda una clase de literatura contemporánea. Encontramos un Aleph de Borges, una Noche boca arriba de Cortázar…Además cada capítulo, breve, a veces de dos páginas, es completo como un cuento. ¿Podrías hablarnos de estas dos estrategias?

    R.M: No recuerdo cuál fue el filósofo que dijo: “Si mi carne se alimenta de la carne bruta de oveja, ¿por qué mi alma no puede nutrirse del alma de otros hombres?” No es una idea demasiado original, pero tiene algo que responde en parte a tu primera afirmación: Si de manera ‘natural’, la literatura se alimenta de literatura, ¿por qué no asumir un gesto de humildad dejando ver, de vez en cuando, quiénes están detrás de lo que hacemos? Humildad, pero también tesoros ocultos, tentativas lúdicas. Por lo demás, el cuento es una órgano tan estéticamente perfecto, y somos por naturaleza tan ‘cuenteros’, que creo que vale la pena pasarle al lector de novelas, como de contrabando, esa criatura delicada y eficiente que es el cuento, capítulo a capítulo. Quien se da cuenta lo agradece. Quien no, también.

    C: A menudo se te compara con Quentin Tarantino, un Tarantino literaturizado. ¿En qué medida crees que esta apreciación es acertada y en qué medida restaría creatividad a tu obra, sobretodo comparándote con un autor que es famoso por inspirarse, hacer un collage de historias?

    R.M: Me gusta la comparación porque creo que nadie inteligente se la tomaría demasiado al pie de la letra. Ahí está la letra que lo dice todo. ¿Te imaginas que un día alguien le diga a Tarantino que es un Ronaldo cinematografiado? Creo que primero pensaría en el futbolista y no entendería nada.

    C: En Río Quibú dibujas una mujer, dos mujeres para ser exactos, exclusivamente sexuales, que además gustan de ser violadas. A parte de sexualidad como única esfera de libertad en la isla de tu libro, ¿qué mensaje querías transmitir, qué móvil persigues con esta controvertida imagen femenina?

    R.M: No quise transmitir ningún mensaje, que para eso están los teléfonos y las palomas mensajeras y los presidentes de gobierno. Pero si algo subyace parecido a un mensaje es que en cuestiones de sexualidad todo, o casi todo, vale, menos lo que no es de mutuo acuerdo.

    C: Siempre has eludido mencionar Cuba como el nombre de la isla que aparece en tus libros. Sin embargo en Rio Quibú pintas claramente un affresco (me gusta llamarlo así pues da la idea de cuadro expuesto a la inclemencia del entorno) de Cuba, una Cuba muy actual, con un General muy enfermo. ¿Crees que eludiéndolo el lector hará más fácilmente un ejercicio de universalización del problema de la miseria y de la falta de libertad?
    R.M: Creo que es una ilusión de universalidad lo que persigo con eso. ¿Se consigue, mostrando un trozo de hielo, que la gente piense en los esquimales? Depende. Digamos más humildemente que no me gusta la palabra Cuba, suena a borrachera. A borrachera de política necia, de ideologías simplistas, de tomas de partido superficiales. Y el ser humano debería trascender su circunstancia aunque la circunstancia pese. Ser humano es mucho más que ser cubano.

    C: Tu próximo libro es un libro de Covers, de versiones, un poco como este blog, de cuentos inspirados a otros cuentos, a personajes…¿qué clase de covers nos propone Ronaldo Mendendez y por qué ofrecer un libro de covers hoy?

    R.M: No es del todo exacto decir ‘tenemos memoria’, sino que ‘somos memoria’. La memoria no es una habitación a la que entramos de vez en cuando a buscar algo, sino que estamos constituidos por ella de una manera absoluta. Cuando escribo vivo una aventura en muchos sentidos, y uno de sus aspectos fundamentales es esa relación con la memoria literaria. Saltan en mis líneas, sin yo mismo controlarlo del todo, la literatura de la que estoy hecho. Esa es la génesis de los Covers. De ahí que muchos de los juegos del libro no sean apropiaciones directas, sino la presencia de un elemento, a veces casi invisible, que pertenece a otro autor, pero que al tomar forma en una nueva historia, es reinventado.

    C: Por último, una pregunta sobre la esfera literaria actual. Se publican muchos libros pero cada vez más a menudo las librerías se ven obligadas a cerrar. ¿Cómo se ve la industrial desde dentro y qué consejos darías a un aspirante a escritor?

    R.M: La industria del libro sufre una crisis severa. La saturación de mareantes tiradas, de vitrinas engañosas, la avalancha de títulos, tiende a desconcertar al lector. El único consejo que se le puede dar a un escritor es que lea, mire hacia otro lado, y escriba. El acto de escribir, cuando en verdad lo necesitamos, nos otorga un placer inefable, algo que solo se consigue escribiendo. Y esa especie de felicidad ya es ganancia.

    Muchas gracias, Ronaldo. ¡Qué ganas de sumergirme en Covers, en soledad y compañía!