Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Philippe Jaroussky: Sempiterno


Un bosque. Hay un silencio que impone, en un bosque. Una luz sombría que impone, en un bosque. Nos han enseñado a temer al bosque. Sin embargo, en esa oscuridad de bosque se encienden lentamente las luciérnagas. Esas pequeñas estrellas del bosque emprenden su tímido vuelo, de repente, como por arte de magia. Flotan, se mecen apenas, con esfuerzo mantienen su vuelo suspendido en el aire, como una fragancia. Entonces tú sólo pides que el silencio del bosque calle más aún porque su delicado vuelo de luciérnaga podría desvanecerse, de repente, y ese su brillo cálido, dulce, que sientes bailar en tus ojos, apagarse como la luz de una candela. ¡No te vayas!

Esto es lo que siento cuando escucho a Philippe Jaroussky en el Pie Jesu del Réquiem de G. Fauré, y en mi silencio pido que siga alumbrando mis sombras.

Me alumbro con su música, en la Reflexión del día os dejo un link al Sol da te, aria de Ruggiero en el Orlando Furioso de Vivaldi (segundo dibujo inspirado en esta pieza y puesta en escena), y con sus palabras.

A continuación una entrevista imaginaria, el compendio de las respuestas y de las explicaciones que más me han gustado de Philippe Jaroussky sobre su repertorio y su técnica.

Cabrastú: Mi primera pregunta no puede ser otra que nos hables de la voz de contratenor y, en particular, de la tuya en este misterioso registro

Philippe Jaroussky: Lo sé que para mucha gente, la forma de cantar de los contratenores es un misterio. Pero yo creo que no encierra ningún misterio. En mi caso, utilizo el mismo mecanismo que una mujer. Canto con la voz de cabeza, como lo haría una soprano o una mezzo-soprano. No es “falsetto”, que es un término terrible, una expresión que no me gusta…tú no dices que una soprano esté cantando en falsetto…si escuchas hablar a una artista mujer, ella tampoco habla como canta. En mi caso, es absolutamente lo mismo.

Hay un enorme interés por los contratenores, ahora. Creo, en parte, se deba porque soñamos con las voces pérdidas de los castrati. Pero tenemos que tener en cuenta que la técnica era bastante diferente porque las voces eran también bastante diferentes. El castrati tenía las cuerdas vocales del mismo tamaño que un niño en un cuerpo grande, con grandes pulmones. Era diferente. Se realizaba esta abominación de castrar niños jóvenes para obtener esta voz sublime. Y sabemos que solo aproximadamente el 1% de los niños castrados llegaron a cantar opera en escena. Era algo terrible, que afortunadamente ya no hacemos más.

En cuanto a mi voz, lo más difícil en mi voz es que mi color es más apropiado al de una soprano. Tengo una voz bastante ligera. Sin embargo, el rango es más el de una mezzo. Es bastante complicado, pues muchas veces la gente cree que puedo cantar muy agudo y me proponen cantar cosas que son excesivamente agudas.

Lo que intento es mantener el sonido natural de mi voz, y cantar con la mayor libertad que me sea posible.

C: Tocas también el piano, pero sobre todo eras violinista antes de decidir ser contratenor. De hecho tu voz me recuerda siempre a la de un violín…¿qué te hizo dar el salto?

P.J: Sí, a veces la gente me dice que canto como un violín. Es gracioso, pero no se puede olvidar si has aprendido música con un instrumento, definitivamente permaneces con este alma, de violín. No puedes cortar la relación. El violín me educó, me enseñó a ser preciso y a leer la música de una determinada manera. Más tarde aprendí que no se puede cantar sólo con la mente, sino que el cuerpo entero, de la cabeza a los pies.

¿Por qué contratenor? Fui a ver un concierto de un contratenor francés y me conmocionó de tal forma que dije 'quiero hacer eso'. Nunca había cantado en un coro de niños, era violinista, pero a los 18 años le dije a mi profesora, 'confía en mi. Estoy seguro de que seré contratenor en el futuro'.

C: Pues yo también confío en ti, porque gracias a ti he conocido compositores olvidados como Johann Christian Bach, hijo menor del Bach que todos conocemos, o Antonio Caldara, un contemporáneo de Bach, Handel y Vivaldi, de los primeros compositores que dieron voz a los librettos del gran Metastasio.…te encanta estar encerrado en la biblioteca, el contacto con antiguas partituras…

P.J: Parte de mi trabajo consiste en entender lo que canto. Para poder elegir qué camino tomar debo conocer bien las partituras, saber el cómo y el porqué. Fui a las bibliotecas buscando a Mozart y terminé grabando un disco de arias de Johann Christian Bach. De la misma manera, fortuita y mágica, Metastasio me llevó a Caldara. Cuando descubres música que no ha sido grabada antes, es tu propio tesoro.

C: ¿Qué te llamó de cada uno de estos compositores?

P.J: Johann Christian Bach dijo una frase muy interesante, criticando a su hermano: "Mi hermano vive para componer. Yo compongo para vivir". Toda su vida sintió curiosidad acerca de todo. Tenía un carácter apreciado por todos, un poco como Rossini, bon vivant, mucho sentido del humor, muy alegre. Tenía muchos amigos. Johann Christian Bach tenía algo muy liberador, que desmitificaba. Fue realmente alguien de su tiempo, que luchó por cambiar realmente algo.

Antonio Caldara era uno de los más respetados y prolíficos compositores de su tiempo (dejó más de 3.000 trabajos). Sumergirme en sus operas (que son todavía prácticamente desconocidas) fue para mí una experiencia fascinante y muy estimulante.

C: Pero también podríamos decir que has redescubierto a Vivaldi, pues para muchos no pasa de ser un compositor exclusivamente para violín

P.J: Me encantan las personalidades exuberantes, curiosas como la de Antonio Vivaldi. A pesar de que era un sacerdote, creo que su temperamento era similar a la de ciertos castratis. ¡Siento que era alguien muy fiero! También creo que se puede sentir que él estaba decidido a gustar, y él era un luchador.

Sí, es evidente que Vivaldi ha sido desestimado demasiado rápido como un compositor sólo de violín; en cambio era alguien que tenía una idea muy clara de la voz y de la parte dramática del arte.

Por otro lado, hay también una tendencia a ver sólo el lado virtuoso de la obra de Vivaldi. Pero también me encanta el lado tierno de Vivaldi, un músico que puede ser simple y puro, distinguiéndose de la escuela napolitana, por ejemplo. También puede ser tan puramente poético, tan completamente sin ostentación, vocalmente hablando, esto es algo que me conmueve. Él escribió mucho, cientos de conciertos, e incluso se jactó de que podía componer un concierto más rápido de lo que requeriría un copista para transcribirlo, lo que demuestra que gozaba de esa inmediatez, del hecho de que su instinto musical y su inspiración pasase directamente al papel…pueden haber algunos pasajes largos en sus piezas, pero en todas de repente su genio ataca de nuevo, como un relámpago, y entonces te das cuenta de que eso es un acto de libertad.

C: Muchas gracias Philippe Jaroussky por haber concedido tantas entrevistas que han hecho posible este collage de respuestas. En la nota encontrareis las fuentes. Si os ha gustado esta entrevista “inventada”, podeis leer también mi tributo a Philippe Jaroussky, una cometa en el viento, en este blog.

Nota: Respuestas de entrevistas de Benjamín G. Rosado de El Cultural, Euronews “Meet my Vivaldi”, Jason Victor Serinus para www.hometheaterhifi.com, de Early Music Today hablando de La dolce fiamma, extracto del CD de Caldara en Viena, entrevista de Emmanuelle Dancourt en Visages Inattendus de Personnalités del 23.01.10 y Agencia EFE del 10 de mayo de 2010

jueves, 4 de agosto de 2011

Entrevista a Victoria Siedlecki



Victoria Siedlecki, narradora oral procedente de Argentina lleva tres años revolucionando el mundo de los cuentacuentos con su espectáculo Relatos Eróticos en el Teatro Arlequín en Madrid. Si no podéis venir hasta aquí, estad atentos porque también recorre España con éste y otros espectáculos de distintas temáticas, no os la perdáis. Hoy habla con nosotros en Cabrastú.
Cabrastú: ¡36 meses de éxito ininterrumpido y me atrevería a decir in crescendo si cabe! Es difícil que un espectáculo de cuentacuentos permanezca en cartel tanto tiempo, ¿tu espectáculo es la excepción que confirma la regla, por qué crees que existe esta dificultad y por qué crees que has conseguido abatir esta barrera?
Victoria Siedlecki: Ha sido y es cada noche una grata sorpresa. La afluencia de público que va a más, la manera en que disfrutan el espectáculo. El boca a boca. Gente que viene de otras provincias. Gente que repite dos, tres, cuatro veces. ¡Increíble! Me siento muy afortunada. Supongo que la dificultad reside en que es un género que no lleva mucho tiempo tratado como arte escénico. Un género que muchas veces se sigue asociando a los niños. Por otro lado el del narrador oral es un trabajo de recuperar una manera de comunicar directa, libre, construyendo espacios que no existen, que sólo podemos ver en nuestra imaginación. Eso en estos tiempos es casi una osadía, prescindir de las distracciones de la imagen, de una gran escenografía, de un elenco numeroso y sostenerlo todo en uno mismo y en la propia historia. La palabra. Recuperando, así, un ritmo, una manera de decir, un respeto por el lenguaje y la responsabilidad sobre lo que uno dice... cosas que no están exactamente de moda... Afortunadamente se acerca mucha gente al espectáculo y a los talleres. Hoy, algo que surgió en los inicios de la comunicación es novedoso, es lo diferente...Creo que hay cosas que definitivamente nos han saturado. Queremos volver a las raíces.
C: Muchos identifican cuentacuentos con monólogo, ¿crees que es acertado? ¿Diferencias?
V.S: Creo que hay algunas similitudes en cuanto a que en ambos casos se trata de un solo artista sobre el escenario, un solo artista que rompe constantemente la cuarta pared, propia del teatro. En cuanto a estructura y contenido y el tipo de trabajo creo que es bastante diferente. Nosotros solemos trabajar sobre historias tradicionales, sobre obras literarias o experiencias propias que vamos estructurando como historia. El ritmo es distinto, considero que el narrador oral utiliza herramientas que tienen más que ver con lo teatral. En el caso del monologuista el texto, el contenido y el desarrollo tienen un ritmo más trepidante, están ligados a la experiencia cotidiana. Suele ser un trabajo sobre el anecdotario personal, muchas veces verdadero y muchas veces delirado. Apela al gag casi constantemente. Los contenidos tienen que ver con la época en la que vivimos, hay referencias a la actualidad... Nosotros hacemos ese trabajo, a veces, para enlazar historias. Relatos eróticos, por ejemplo, tiene muchos momentos de monólogo y de conversación escénica, tal vez más propia de ese tipo de comunicación, aunque la base, el fundamento, es enteramente la narración oral y la literatura.
Se ha utilizado el cuento desde tiempos remotos y en todas las culturas como vehículo para reconocernos y reflexionar, para ahondar en lo que pensamos y sentimos, para comprendernos y comprender lo que nos rodea. El contenido del cuento va más allá de la anécdota es profundo e insondable.
C: Tú eres muy fiel a los textos y siempre te gusta mencionar a los autores, ¿cómo haces para que después suenen naturales, cómo si tú misma hubieras visto las distintas situaciones?
V.S: Intento hacer un trabajo en varios sentidos, abordar la historia por muchos caminos diferentes. Ir abriendo puertas en ella. Nunca dejan de crecer, en cuanto dejan de crecer se estancan, no viven y no podemos transmitirlas verdaderamente. Suelo adaptar bastante las historias que cuento, siempre cuidando el espíritu de cada una, lo que yo percibo como importante e imprescindible respetar en cada cuento... pero también en ese trabajo de adaptación busco acercar la historia a mi mundo, a mi manera de decir y expresar. Hacerla mía. Los escritores suelen ser muy generosos con sus textos y tienen muy claro que son ámbitos diferentes el de la escritura y lo literario, y lo oral. Inevitablemente las historias sufren transformaciones. Creo que si uno trabaja con ellas respetuosamente las historias se enriquecen, al transitar por el imaginario de otra persona, en este caso el del narrador, para seguir creciendo en quien las escucha. Hay un trabajo con las palabras, con los sonidos, los silencios, las sensaciones y sobre todo las imágenes, ver la historia para que el público pueda verla.
C: ¿Cómo confeccionas un espectáculo, partes de un tema, eliges los cuentos, ellos te eligen a ti? ¡Un cuenta cuentos debe de leer muchísimo!
V.S: Creo que hay un poco de todo. A veces, como en el caso de "Relatos eróticos", recibimos la propuesta y a partir de ahí empieza la búsqueda de los cuentos. En otros casos empiezan a aparecer historias y uno va descubriendo el vínculo entre ellas. Siento que el narrador elige los cuentos y los cuentos eligen al narrador. Cada historia que contamos viene a enseñarnos algo, a darnos algo importante, aunque a veces no tiene porque ser algo trascendente, tal vez simplemente un buen rato, la sonrisa que nos hacía falta y queremos, entonces, compartir esa sensación con los demás.
Es fundamental que la historia enamore al narrador, si no te mueve no podés mover. Siempre digo que la historia más pequeña puede ser grande si nos comprometemos con ella, si disfrutamos del encuentro, y una gran joya literaria se vuelve nada si a nosotros no logró conmovernos, si no hemos trabajado por descubrirla. Será un tiempo perdido, no conmoveremos a nadie.
La búsqueda de historias que contar es constante y en todo, en la literatura, en las vivencias propias y ajenas, en lo que escuchas o te cuentan. En lo que ves. También al ser un trabajo en muchos aspectos solitario contamos con quienes nos rodean para enriquecer el repertorio. Vienen a uno, generosos, diciendo: He leído algo que te gustaría contar, ¿leíste tal libro?, escribí algo que me gustaría que contaras alguna vez...
C: ¿Has utilizado alguna vez un fragmento de una novela y lo has transformado en cuento? Porque no te has limitado a cuentos, en Relatos cuentas una película también. El repertorio también distingue a un narrador oral...hay que ser valiente también pues un cuentacuentos también crea, confecciona el espectáculo y en cierta medida esta más solo, expuesto con su creación, todo un reto, ¿no?
V.S: Ahora mismo estoy trabajando una novela para transformarla en cuento, una historia que formará parte de mi próximo espectáculo. No es la primera vez que adapto historias que no tienen formato de cuento para poder contarlas, eso sucedió, por ejemplo, con la delirante adaptación de las mil y una noches. También con Los puentes de Madison que es una versión de una magnífica adaptación de Ana María Bovo. Creo que el repertorio es muy importante, tenemos que sentirnos identificados con él, defender profundamente cada una de nuestras historias. Ahí reside la valentía, cada historia expresa algo del ser humano que somos. Es importante, además, que nos distingan, que se nos reconozca también a través de nuestro repertorio. El de el narrador es, como decís, un trabajo muy completo y también solitario, en escena y fuera de ella. En mi caso cuento con Javier, que es mi manager, mi socio y consejero. Siempre he tenido mucho apoyo en mi familia y la gente que me quiere. El trabajo con Javier ha completado esa confianza que sentía depositada en mí. Gracias a él me he lanzado a cosas que sola creo que no hubiera encarado.
C: Tú has hecho también años de teatro y de danza, ¿cuánto usa un narrador oral elementos de la interpretación, qué puntos de tangencia ves y qué diferencia a un cuenta cuentos de un actor?
V.S: Creo que van muy de la mano. El narrador también interpreta, aunque en un breve tiempo, cantidad de personajes, no profundiza en cada uno de ellos, por una cuestión de estructura y tiempos, pero sí es necesaria la comprensión de cada personaje, que también va construyendo con su voz y su presencia la historia. Se trata de un verdadero y maravilloso viaje a todo nivel.
El actor también cuenta, a veces de manera evidente, en general a través de las vivencias del personaje con el que ha hecho un trabajo de composición profundo y comprometido.
Puede que una de las diferencias importantes sea el modo de relacionarse con el espectador, en el caso nuestro rompiendo la cuarta pared propia del teatro, conectando visualmente de manera constante con quién nos escucha o a través de alguna conversación escénica.
Evocamos historias que forman parte de otro tiempo de otro espacio, que no están sucediendo ahora, aunque de alguna manera aparezcan. En general nos dirigimos al espectador, no a otro personaje. El narrador evoca, escenifica, representa. Sostenemos, como lo hace un actor, y con todo lo que somos, la historia que estamos contando.
Siento que la interpretación, la danza y el trabajo con mi voz construyen la narradora que soy. Todas esas experiencias me han ayudado y me ayudan a descubrirme, a poder expresarme más íntegramente. Son herramientas que amplían mis posibilidades como comunicadora.
C: Y al final te decantaste por la narración oral y por su enseñanza, pues vuestra escuela Yo te cuento también va viento en popa. ¿Qué es lo que buscan tus alumnos y qué querrías que se llevasen?
V.S: Me encanta enseñar. Es una dimensión diferente de mi trabajo en escena pero que lo enriquece muchísimo. Parece un tópico, pero es la pura verdad, aprendes mucho enseñando. Es maravilloso, un verdadero privilegio.
Creo que hay una gran responsabilidad con el que confía en ti para aprender algo. Eso afianza el compromiso que uno tiene con la propia profesión. Cambia tu estar. Querés ser cada día mejor artista, mejor persona, para poder transmitirlo, para poder dar lo mejor que podés dar. Porque eso se merece, en este caso, quien se acerca con la ilusión inmensa de aprender a contar historias, de recuperar un arte ancestral y hermoso, necesario para todos.
Participa de los talleres gente muy diferente, con una búsqueda muy personal, pero que suele coincidir en las ganas de comunicar más y mejor, sin vergüenzas, sin trabas: ser más libres. Yo percibo que buscan, además, un punto de encuentro, desde un lugar más humano. Tienen la ilusión de compartir, de aprender para regalar lo que aprendieron a sus amigos, su familia, sus hijos, sus nietos, aplicarlo en su trabajo o desarrollar con ese aprendizaje su carrera artística.
Procuro que, a base de ejercicios y juegos, técnica, teoría y mucha práctica, se lleven lo que considero es lo más importante: la confianza en sus posibilidades, la sensación de ser capaces, la ilusión creciente por compartir y vibrar. Quisiera poder ayudar a mis alumnos, como a mí me han ayudado y me siguen ayudando mis profesores, a ser más felices. Encontrándose para ello un poco más con ellos mismos, con sus singularidades que les hacen personas y narradores únicos. Al trabajar lo artístico inevitablemente tenes que profundizar en vos mismo, para encontrar esos mundos que a simple vista no existen. Son muchas dimensiones y el trabajo no tiene fin. Es necesario comprometerse y reconocerse para llegar a los otros y expresar más hondamente.
C: Muchas gracias, Victoria. Entre los enlaces amigos de este blog, encontráis el link a la escuela de Victoria Siedlecki "Yo te cuento".

sábado, 21 de mayo de 2011

Un cronopio llamado Gómez (tributo a Julio Cortázar)


Si pensáis que un oso no puede ruborizarse espiando una escena de fogosa pasión a través de un grifo, si pensáis que nadie en el mundo pueda ardientemente desear un único, y solo uno, metro cuadrado de tierra, si pensáis también que una maga no pueda lanzar sus hechizos de amor utilizando como varita mágica un paraguas roto, ha llegado el momento de volver a creer en ello.

Inspirada en cuatro cuentos de Julio Cortázar, Coco del Pino y su “Un cronopio llamado Gómez” es capaz de dibujar con la palabra narrada un juego pirotécnico de emociones que sorprende, divierte y conmueve.


Separados por un abanico, su nostálgico telón, nos contará tres momentos de la vida de este cronopio llamado Gómez que le verán protagonista de una insólita aventura de catastro, héroe de una sensual noche de pasión comentada por el oso de las cañerías y víctima de una desolada búsqueda de un amor que fluctúa entre la realidad y la fantasía.


De un amor diferente, sin esquemas, para todos aquellos que no necesitan papel rayado para escribir, porque quieren decidir por sí mismos la dirección de su propia existencia para hacerla culminar sobre un puente, de un río, de una ciudad, que puede ser Milán, pero cuyo nombre verdadero es Vida.

domingo, 20 de febrero de 2011

Philippe Jaroussky: una cometa en el viento.


Y en cambio no podía ser de otra manera. Le vi completamente sólo en el lobby de un hotel, sin acompañante, sin fans acosadores o tímidos mirones. Los recepcionistas tampoco le adulaban. Simplemente reinaba el silencio, la inmovilidad del tiempo que tantas veces él nos regala con su voz.

Yo le hubiera dicho precisamente eso, que como Tiffany’s a Holly Golightly, su voz me hace sentir que nada malo me puede suceder, ni a mi, ni a nadie. Siempre que la voz de Philippe Jaroussky flote, me acaricie el pelo y entorne mis ojos, las nubes grises de mis días se desvanecerán. Y las de todo el mundo que le escuche.

Había aterrizado en Bruselas el 17 de abril de 2009 para ver la opera Lucia di Lammermoor en
La Monnaie esa misma tarde y al día siguiente cumpliría con ese anodino instinto que tenemos muchos españoles de no
dejar de visitar en la vida la ciudad belga de Brujas. Pues apenas apoyé mi trolley en la pequeña habitación de mi hotel franquicia española, la guía de eventos sobre el escritorio me anunció que el domingo19 de abril de 2009 Philippe Jaroussky daría un recital en La Monnaie.
Yo partía ese día temprano en la tarde, ¡qué rabia! ¿Cómo podía haber sido tan despistada?
A pesar de la frustración, salí del hotel como quien recibe a la primavera. El velo de humedad que fluctuaba por el casco histórico de Bruselas era un espíritu que reanimaba las calles abandonadas de oficinistas y ministros, y así me parecía que en cualquier momento el alegre caminar de Philippe Jaroussky podría saltar tras cualquier esquina, soñando también él con los paseos ancestrales de sus precursores y con los compositores que en breve resucitaría.
Junto a una Affligem y observando como la espuma se aferraba al cristal en una batalla por no sucumbir a la gravedad y al tiempo, volé de nuevo a él. Pensé en su tesón.
Philippe Jaroussky se impregna del alma del autor a través de partituras y manuscritos que lee con ojos y manos (con éstas embruja las páginas) y se transfigura pudiendo parecer angelical como es él, o diabólico y pérfido como nunca nos lo hubiéramos imaginado. Su voz, sus manos, su porte, todo él se transforma. Además y no por restarle mérito sino más bien dando gracias a Terpsícore, progenitora de las míticas sirenas, Philippe Jaroussky es el perfecto héroe
barroco: joven, guapo e intrépido. Verle actuar, excelso, con brío y siempre entregado al límite, es una delicia. ¿No estará Philippe Jaroussky en esta misma taberna?

Veo la espuma de mi cerveza y pienso en las sirenas. Sí,
la voz de Philippe Jaroussky rapta y encanta. Puede ser que resulte demasiado aguda la primera vez que se oye, pero a la segunda ya has caído en sus redes. Es una voz que te envuelve como una cinta al viento, despertando rincones del alma en un delicado
hormigueo que después se transforma en salto y en vuelo.
Un vuelo hacia metas más altas, las que él se fija cada vez. Y las perseguirá con la
sonrisa y la emoción de un niño. Sus entrevistas y actuaciones son una continua prueba de esto, siempre el respetuoso temor al reto y siempre el posterior agradecimiento a sus compañeros entre aplausos y ojos brillantes del logro. Philippe Jaroussky siempre cede el primer aplauso a sus compañeros antes de esperar el propio.
No, definitivamente no coincidí con él en el restaurante que elegí en Bruselas aquella noche.
Al día siguiente, Brujas me recibió con un sol esplendido y su belleza de cuento animó mis prolíficos sueños sobre el paradero de Philippe Jaroussky. Una ciudad tan poética era fácil que evocase intérpretes de fábula como debieron ser los castrati, niños que tras la eviración vivían exclusivamente para cantar, dioses como artistas, invisibles como personas, y abandonados cuando terminaba su arte.
Los contratenores como Philippe Jaroussky nos devuelven la dulzura y la flexibilidad de sus voces. Para ello, cantan con la parte externa de sus cuerdas vocales, trabajando la voz de cabeza, con lo que consiguen emitir un sonido rico en matices, vibrante y de mayor resonancia que la tradicional voz de pecho. Una voz que sube hasta tonos altos de mezzosoprano y que puede bajar hasta un timbre de barítono y así sorprender con su complejidad, su equívoco.
Una voz que se propaga como una cometa en el viento.
¿Mis pensamientos se propagaran también en este aire azul de Brujas, entre estas casas del siglo XIV? ¿Le llegarán? Él que ha rescatado a castrati desconocidos hasta ahora como Carestini (al que ha convertido en super ventas), o recientemente a compositores como Caldara para reconocerles 300 años después el precioso valor de su obra, para devolverles la vida a estos seres que eran voz, debe coincidir conmigo en que la felicidad, el sincero agradecimiento, seguramente vuela hasta nuestros ídolos.
Sin embargo, tampoco ese día ni esa noche supe si le habría llegado. Quedaba ya sólo la mañana del domingo.
La mañana siguiente amaneció con nubes y claros y aproveché los caprichos del cielo para darme una última vuelta por la Grand Place, comprar unos chocolates y beber una última cerveza antes de las 12.00 que tocaba hacer el check out. Caminaba cabizbaja, riéndome de mí misma, reprochándome haber sido tan niña de fantasear todo un fin de semana con el destino de encontrarme con Philippe Jaroussky. Así llegué al hotel. Entré en las puertas giratorias y cuando me soltaron en el lobby, el tiempo se había detenido. Philippe Jaroussky alzaba su mirada hacia mí, tímido, la frente fruncida como cuando pregunta en silencio cómo ha quedado un aria, y después continuó con su check in. Por mi parte, que me había convertido en gato o pez de escayola, atravesé el lobby regañándome y mirando al frente, evitando el mostrador, ¡veía visiones, no podía ser él! Era alguien que se parecía. Tomé el ascensor. Se parecía mucho, me decía a misma.
Pero cuando bajé a hacer mi check out no pude evitarlo y pregunté:
--Perdón, ¿no sería Philippe Jaroussky el que estaba haciendo el check in hace 5 minutos, verdad?
--Sí, ¿por qué?, ¿es alguien famoso?
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En la reflexión del día os dejo un link a un video suyo sobre el Orlando Furioso de Vivaldi
Si te ha gustado este artículo, no te pierdas su entrevista en Cabrastú Philippe Jaroussky: Sempiterno