Cabriola: un blog literario donde cabrás tú. Hace tiempo, alguien me dijo que no es tan importante leer más, sino leer mejor. De esta idea nace este blog, que querría invitar a leer libros clásicos o menos conocidos, entrando dentro de ellos, con lápiz y papel, subrayando, haciendo una lectura actual, dando de nuevo vida a sus personajes, o a su mundo, leyendo y releyendo. Si os animáis, ¡escribidme!

sábado, 18 de abril de 2015

Vinicio Capossela, cantando grandes libros

El 23 de abril en la noche de los libros también contaré un cuento escrito por mí inspirado en una canción del extraordinario álbum "Marinai, profeti e balene" del no menos fabuloso cantautor y multiinstrumentista italiano Vinicio Capossela.

Creo que Vinicio merecía un espacio en este día de los libros, aparte de porque las letras de sus canciones son maravillosas, porque él se inspira muy frecuentemente en  grandes libros, como es el caso de este álbum que cuenta con piezas inspiradas en Moby Dick, en Billy Budd también de Melville, en la Divina Comedia de Dante Alighieri, en la Odisea, en el libro de Job de la Biblia, y, como ya hiciera en el pasado, también en una obra de Louis-Ferdinand Céline.

Además su "jazz" con influencia de Tom Waits  a mí me resulta particularmente fantástico, fantasioso, divertido, nostálgico
y el mejor colofón que pudiera imaginar para esta velada de cuento.

jueves, 2 de abril de 2015

Contando a Dino



El próximo 23 de abril 2015 en la noche de los libros estaré contando cuentos de autores italianos y en particular de un autor muy querido por mí, Dino Buzzati.

Como preámbulo del cuento que contaré, y que no desvelo, diré brevemente que Dino es una de las figuras más destacadas de la literatura italiana del siglo XX (1906-1972). Fue periodista del Corriere della Sera y enviado con este periódico a Jerusalén, Praga, Tokio y Nueva York, entre otras ciudades.

Su libro más conocido es El desierto de los tártaros, novela fabulosa de índole “kafkiana” y que ha inspirado una poetica pelicula del mismo nombre protagonizada por el fabuloso Vittorio Gassman y el libro de J.M Coetzee Esperando a los bárbaros,  pero es en los relatos de Buzzati donde brillan más sus notas extraordinarias. Éstas son, en mi opinión, el desvelar un halo de misterio en lo cotidiano, su manejo del tiempo y de la espera que cosquillea la curiosidad del lector, a veces mezclada con cierto desasosiego, y su capacidad de manifestar lo sorprendente en lo trivial. y todo ello con un lenguaje preciso, sin artificio, que corre como el agua.

Ficciones, como él las llamaba, que son muy mundanas y a la vez muy mágicas, tejidas con la materia de los sueños y las pesadillas. Por ello, si teneis ocasión, en invierno frente a la chimenea, o en verano bajo la luz de las estrellas y el canto de los grillos, abrid un libro de Buzzati y partid.

sábado, 3 de enero de 2015

La libertad de la imaginación en el actor frente a la voluntad consciente


El puente de diciembre decidí hacer un viaje en mi imaginación de la mano del director de teatro David Zinder.

David, maestro de interpretación en la técnica que él ha llamado ImageWork y en Michael Chekhov, nos recibe a antiguos y nuevos alumnos con la paradoja del actor: repetir continuamente una escena siempre como si se hiciera por primera vez. Este es el reto.

Nos explica que la técnica de Michael Chekhov es una caja de herramientas que nos ayudará a entender que el cuerpo del actor y la imaginación están estrechamente vinculados. El actor va tomando estas herramientas, las prueba y descarta aquellas que no le sirven para determinado trabajo. Ese es el entrenamiento, probar muchas herramientas, aunque no funcionen, es parte del proceso. Las que funcionen irán creando capas, capas que tras varios ensayos se irán olvidando. De hecho es ese olvido, ese hacer suyas las imágenes, lo que busca el actor con el entrenamiento. Michael Chekhov busca dar al actor la libertad de la imaginación frente a la voluntad consciente.

Para ello la clave es la disponibilidad, "readiness", en todo momento. La unión de la imaginación y el cuerpo del actor es como un delfín que se sumerge en la imaginación, donde su visión es turbia pero envolvente para salir después a la nitidez de la superficie donde aplicar lo que ha sentido en el océano. No hay límite en la expresión física de un actor, nos dice Zinder. Los movimientos crean imágenes, que crean sensaciones, que encienden sentimientos y éstos emociones. Esta es la cadena que debe conocer el actor para hacerse dueño de ella. En la improvisación no hay errores, solo "readiness" y dejar el cerebro al entrar. Si tu cuerpo de repente hace algo que tú no querías, incorpóralo al movimiento, a la escena, juega con ello, indaga en él, no es un error...En Chekhov improvisación y creación es prácticamente una identidad, por ello, el actor tiene que estar siempre atento a crear, a descubrir ("physical awareness").

Pero, ¿cuáles son estas herramientas? Os dejo un par de ejercicios que hicimos, entre otros muchos. Antes de entrar en ellos, enumerar los "cuatro hermanos" de Michael Chekhov: Belleza, Facilidad, Forma, Sentido de Completo que deben revestir nuestras secuencias de movimientos.

La Cuerda: el actor adopta el "Punto Zero" (mirada foco suave (que no enfoca, 180 grados de campo visual), cuerpo relajado pero disponible, centro en el bajo abdomen (alejado del intelecto o de los sentimientos)) y lanza una cuerda sin mirarla. Entonces la mira y empieza a moverse con lo que le transmita la cuerda. Es importante mantenerse en lo abstracto para no limitar las posibilidades de creación, estar abierto a lo inesperado. Si se adopta una historia, ésta ya pone sus límites. Por ello abiertos, en estado de creatividad. Se "baila" la forma entera de la cuerda, o una parte, o su material, su color...vas cambiando de alturas de tu cuerpo, la miras desde todos los ángulos posibles, la rodeas, para explorar distintas perspectivas, sensaciones, cambios de ritmo... No hay límite en tu expresión física, recuerda...desarrolla tu consciencia física, physical awareness, ¿he repetido algún movimiento?, ¡cámbialo! Readiness. En este ejercicio se trabaja la conexión cuerda, imaginación, cuerpo. El actor tiene siempre que excitar la imaginación del público.

Al final del ejercicio, el actor se pregunta, ¿qué me llevo de él? ¿qué sé ahora que no sabía? Este mismo ejercicio lo hicimos con objetos concretos, por ejemplo, con una funda de gafas y a mi ésta me habló de una cangrejo, de una almeja, de un tanque, de tierra, de lo estático, de movimiento en bloque, rodar, o lo opuesto, liberación, gasa...

Semiótica y arquetipos: Todo lo que el público ve, oye, son signos que estamos lanzando, que el público interpreta. Y, ¡el público siempre tiene razón! Por ello hay que ganar consciencia de todo nuestro cuerpo en todo momento, para controlar lo que estás dando al público. Precisión y sorpresa son las mejores características de un actor para David Zinder. Volviendo al ejercicio de la cuerda, siendo conscientes de las sensaciones que generan ciertos movimientos nos servirá en nuestra actuación para corregir si es algo que no queremos, o lo opuesto, para acentuar algún aspecto. Más adelante veremos que no podemos cambiar nuestra voz, pero sí los contornos de nuestra voz.
David nos pidió elegir un arquetipo, por ejemplo en mi caso, Niño pequeño, y nos dijo que buscásemos dos claves sin las cuales ese personaje se caería, no sería reconocible. Para encontrarlas, primero hicimos la versión grotesca del arquetipo y después la redujimos a su mínima expresión, en la que quedasen dos a lo sumo tres claves. En mi Niño pequeño, las manos siempre casi cerradas en un puño, y los brazos elevados, suspendidos en el aire. Estas claves las encuentras no pensándolas, sino haciendo el personaje, y permanecerán siempre en mayor o menor medida.

"Deja el cerebro al entrar", no pienses, no hay tiempo de pensar, hazlo. En los ejercicios que nos propuso David estas eran las consignas y era cierto, no había tiempo de pensar.
Tras dos días en silencio, el último día David introdujo la voz en el curso. ¿Por qué tan tarde? Porque la voz es demasiado potente y se impone al cuerpo, por ello es importante hacer primero hablar al cuerpo y que después éste produzca la voz, nos explicó. La cualidad de la voz vendrá del movimiento. Recordad, podemos cambiar los contornos de nuestra voz. Para investigar sobre esto hicimos un ejercicio similar al de la cuerda pero haciéndonos llevar por cada uno de los fonemas de un Haiku que hubiésemos elegido. Tras haber "bailado los fonemas", el Haiku que pronunciamos realmente había adquirido notas, colores e incluso significados distintos al que en un principio habíamos declamado. Cuerpo, imaginación, voz así ejercitados hacen que el texto sea algo más que palabras.

¿Y la prueba final? Unir un arquetipo al Haiku reinterpretado. ¿Resultado? Unos personajes palpables, muy vivos, multidimensionales por así decirlo...
Muy difícil resumir la riqueza del curso de David en página y media. Agradecer a la asociación Vértico por haber organizado los dos primeros módulos y ojalá haya un tercero al que atenderemos como si fuera la primera vez, por la ilusión, así como para ejercitarnos en la paradoja del actor.
Gracias David, gracias Sol Garre de Vertico.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Yan Lianke, gracias por el dolor


El sueño de la aldea Ding es una pesadilla arrolladora que tiene la belleza y el ritmo del otoño, estación con la que nos recibe este hermoso y terrible libro del escritor chino Yan Lianke, Premio Franz Kafka 2014.

Un libro muy lírico que no es lento sino inexorable en desembocar en el invierno blanco, el color del luto en China. En sus primeras hojas ya nos dice que "la aldea Ding desaparecería del mundo. Los vecinos, como las hojas, se ajarían primero y amarillearían, para caer después de los árboles con un susurro de sonajero. Y una ráfaga de viento se llevaría las hojas, como la aldea, a ninguna parte"
La historia narra el destino de los aldeanos de Ding tras que la mayor parte de éstos, a principios de la década de los noventa del siglo pasado  - como los habitantes de tantas otras aldeas de la provincia natal de Yan Lianke, Henan - participaran en el negocio de compraventa de sangre liberalizado entonces en China e impulsado por las autoridades locales. Un negocio llevado a cabo sin escrúpulos y que propagó el SIDA como una lluvia torrencial sobre tierra seca. Los enfermos, que apenas habían prosperado, ahora se veían abandonados, marginados en sus propias aldeas, esperando la muerte,  viviendo cada día como un día ganado.

Una obra muy dolorosa y más aún porque muestra una humanidad ruin que cuenta con los que se han enriquecido a costa de otros y con los mismos enfermos también. De hecho en el discurso del Premio Kafka, Yan Lianke dijo "Veo corrupción, disparate, malestar y caos", "el respeto por la humanidad se está desintegrando".  En el epílogo del libro habla de esta novela como de un "legajo de dolor y desengaño" y pide disculpas por causar un hondo dolor en este mundo que rebosa alegría.

Sin embargo, su manera de narrar es tan hermosa que yo le doy enormemente las gracias. No busca lo sensacionalista, sino que consigue dibujar un infierno que parece natural, por el que paseas sin detenerte. En China es muy importante el ritmo, la cadencia en la escritura, lo cual es lógico pues los grandes clásicos chinos son obras poéticas. Además de este lirismo, Lianke ha elegido como narrador a un niño muerto lo que otorga al libro dulzura y fantasía, sin caer en lo irreal o fantástico. Esta voz narradora tan particular agiliza el texto y lo hace trascender, tomar connotaciones épicas, que a su vez convierte al Sueño de la aldea Ding en un libro peligroso para la censura china pues tiende puentes a otras culturas, por su universalidad.

A mí personalmente me recuerda por una parte al realismo mágico latinoamericano, a Juan Rulfo y su Pedro Páramo por la carga onírica de la novela de Lianke, y por otra, a Yashar Kemal y su Teneke por su profundidad sociopolítica, aunque Yan reconoce que de entre los escritores occidentales sería Kafka uno de los que más le han influido. Todo esto inmerso en pinceladas Taoistas y Confucianistas, la naturaleza que teje la historia de la aldea y las jerarquías, las ceremonias que piden ser respetadas. Así nos enfrenta a un padre y a su hijo, antagonistas que representan tradición contra comunismo.


Pero no es sólo una novela sociopolítica. El sueño de la aldea Ding alberga una historia de amor desgarradora, muy compleja y extraña pero de una belleza que enmudece. Y con este silencio, que es el que produce este libro, os dejo. ¡Qué envidia poder leerlo de nuevo por primera vez!

miércoles, 20 de agosto de 2014

Perú de Gordon Lish: compulsivamente visual, esquizoide, hipnótico


Un accidente sufrido por el narrador cuando llevaba a su hijo a un campamento de verano le transporta a un mes de agosto cuando niño, con seis años, mató a un coetáneo jugando en el parque de arena del jardín de la casa de su adinerado vecino. Resumido así, Perú de Gordon Lish podría parecer una confesión, pero no lo es. Es inquietante. Es una invitación a sumergirte en aquel asesinato tedioso, pegajoso y pausado como un día de agosto.

El narrador comienza diciendo “ No hay nada que no te diré si puedo pensar en ello” y como un flujo de consciencia empieza lentamente a evocar de manera ambigua, obsesiva y con una rara sensualidad o morbosidad sensaciones, personajes y episodios vinculados a este asesinato.

El tema principal de esta novela es la memoria, o mejor dicho, la memoria de la memoria misma. Aunque no se trata de un memoria analítica tipo la de Proust en “En busca del tiempo perdido”, sino que se trata de una memoria involuntaria que establece un juego medio “sádico” con el lector vendiéndole la idea de encontrar el sentido de este asesinato.  Como subtemas podemos encontrar el mundo egoísta del niño, su solipsismo -- como dice el propio narrador “Yo era como Dios”--, su amoralidad, al no estar plenamente capacitado a hacer juicios de valor, a ser culpable. El pensamiento mágico de los niños que da personalidad a los objetos, la posesividad. Otro tema recurrente es el estatus socioeconómico, el complejo de inferioridad del protagonista frente a su adinerado vecino, así como la sexualidad, el deseo que también se materializa hacia las personas y los objetos pertenecientes a su amigo rico. Todo ello conforma un narrador trastornado que narra este asesinato atroz con indolencia y con voyerismo, --incluso por parte de la víctima que dice, según el narrador, “No hacía falta que me mataras”--.

¿Cómo consigue Gordon Lish hacernos partícipes de este vívido episodio? A través de una prosa balbuciente que lo hace veraz, un registro retórico conversacional que interpela al lector y un exceso de memoria que hace al relato, a la vez, compulsivamente visual, esquizoide, hipnótico. Lish también juega con el realismo sucio. Viste al relato de autobiografía, con él como protagonista de un asesinato que en realidad tuvo lugar. Del mismo modo, empieza la novela, y da título a ésta, con el protagonista que ve en la televisión cómo varios convictos de una cárcel de Perú se matan a cuchilladas en un tejado de la prisión, suceso también éste verídico. La misma indolencia con la que ciertos episodios dramáticos pasan ante nuestras narices en la televisión, es la que sugiere el narrador para su asesinato, el mismo silencio –estaba viendo la televisión en mute--, el mismo ritmo, la misma coreografía de miembros que se vencen, de los cuerpos al caer. La sangre bañando las heridas. Veremos a un narrador que recuerda las rimas que hacía en el colegio en la clase de lengua y que parecen componer la partitura de la vida, y de las muertes. Es ritmo, es pauta, secuencia lógica, en la cabeza de este particular narrador.  El tratamiento del tiempo es raro y desagradable, elíptico que va y vuelve una y otra vez al estilo de Thomas Bernhard. Podría decirse que Lish es “oulipico”, ha buscado sobre todo una estructura literaria. Todo el libro trata del asesinato de este niño, un suceso que habrá durado escasos 5 minutos. En cambio es este tratamiento tan particular el que nos coloca a todos nosotros en ese parque de arena.

Al igual que el protagonista de nuestro anterior post, Truman Capote, Gordon Lish también hace una literatura exigente que pide la interacción del lector. Lish no está tan interesado en la simple narración de hechos sino en crear puertas que hagan al lector entrar en su texto. El valor de esta novela no está en la trama sino las sensaciones que produce, las reflexiones que provoca. Es vivencia, es ficción que se hace realidad en nuestra piel, en nuestra cabeza.

 Y, ¿ quién es este Gordon Lish? También llamado Capitán ficción por los numerosos autores de los que ha sido editor (Don DeLillo, Ozick, entre otros) es el artífice del carácter minimalista de la prosa de Raymond Carver al que aplicó agresivos recortes cuando trabajaba en Esquirre. Parece mentira que quién catapultó a la fama a Carver haya permanecido en la sombra, por ello desde aquí, os invitamos a que entréis en la desconcertante y magnética prosa de Gordon Lish.

sábado, 17 de mayo de 2014

Truman Capote, magistral camaleón

Una nueva cita del club de lectura, la de marzo, nos reservaba una clase magistral, teórica y práctica, de la literatura y estilo del genial Truman Capote. Y es que el libro Música para camaleones publicado por Anagrama lo es ya de por sí.

La parte teórica corresponde al prefacio, donde Truman se desnuda y habla abiertamente de lo que es la literatura para él: un noble pero implacable amo. Dios concede un don pero con él viene también un látigo, cuyo uso es exclusivamente la autoflagelación, confiesa el escritor. De hecho él dice sentirse como un tahúr, un jugador de cartas que no sabe si vencerá la partida. Capote sabe tener el dominio de la técnica, él que ha ensayado todos los días durante 14 años de su infancia como lo haría un estudiante de violín, pero, ¿dónde reside el genio?

Le atormentaba la idea de que la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte es sutil pero brutal. Y fue en aquel divagar que descubrió su estilo: la novela periodística debería tener la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía.

Truman contrapone la verdad literaria a lo realmente cierto. Esto último sería el periodismo, aquel que da respuesta a las cinco "w" anglosajonas que en castellano serían Qué, Quién, Dónde, Cuándo, Cómo, mientras que la verdad literaria introduce lo novelesco para hacer lo real aún más verosímil. Hechos, personajes, lugares, todo es real pero además Capote hace que el lector "entre" en el ambiente, con olores, sensaciones. Utiliza unos diálogos casi teatrales, incluso con acotaciones típicos de este género en el caso de Ataúdes tallados a mano, haciendo su escritura más real.

En el caso de este relato largo, que en cierta medida es parecido a su famosa novela A sangre fría por tratarse en ambos casos de investigar un crimen que él mismo iba descubriendo a medida que escribía la novela, Capote se sitúa a la par del lector, parece que pudiéramos dialogar con él para intercambiar pareceres sobre quién es el asesino, o cómo sucedió, o las razones del mismo. En A sangre fría, en cambio, el narrador desaparece, es una cámara que va mostrando sus descubrimientos para que el lector vaya juzgando. La genialidad de Truman reside en esto, en haber creado este enfoque testimonial que convierte al lector en un observador subyugado y activo de frente a la novela.

En cualquier caso, lo real condiciona el ritmo y hace verídico el relato documental. A veces este ritmo parecerá ineficaz y lo sería, si no fuera porque lo que se está narrando sucedió así. Lo mismo sucede con los finales de estos relatos, que a veces defraudan, pero es así, a veces las consecuencias de nuestros hechos se desvanecen sin más. La realidad es una camisa de fuerza pero al mismo tiempo es parte del placer estético de estos relatos.  Les hace fascinantes, en mi opinión.

No quiero desvelar nada más de los relatos de Música para camaleones pero en ellos encontraremos magníficos icebergs (como el relato que da título al libro), estrellas que se hacen palpables, Marilyn Monroe, o casi teatro como en Vueltas nocturnas o Experiencias Sexuales de dos gemelos siameses en el que el mismo Capote habla con su otro yo. Relatos magistrales,  que como parte práctica de esta clase, van desgranando la vida, en su poesía, en su miseria, en su fugacidad. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Deshilvanando misterios con David Torres (Todos los buenos soldados)


El pasado mes de febrero, en el club de lectura que dirige el escritor y amigo Ronaldo Menéndez, contamos con la presencia de David Torres, autor de la perspicaz novela que habíamos elegido para ese mes, Todos los buenos soldados. El diálogo con él, así como su novela o su arte de escribir, fue como deshilvanar lentamente y con gusto un misterio.

La conversación se inició poniendo una primera etiqueta a la novela: híbrido entre novela negra e histórica. Que no policial, matizó David, pues en la novela negra el crimen es una excusa. Torres se definió como un escritor de jazz que no planea sus novelas, sino que deja que éstas le vayan sorprendiendo. ¿Y qué es lo que más ha sorprendido a David de esta novela? El personaje de Adela, que en un principio era plano. No desvelaré nada de este enigmático personaje, pero sorprendido él y muy sorprendidos nosotros.

David continuó definiendo su escritura como un acto "platónico", como si escribir fuera descubrir, cincelar la novela que ya existe en el mundo de las ideas. No, la trama no me interesa tanto, afirmó Torres. De hecho esta novela nació del reto de su amigo el escritor Fernando Marías de convertir al mítico humorista español Gila en detective en la guerra de Sidi Ifni (1957-1958), tomando el dato histórico de su visita a las tropas aquellas navidades junto a la actriz Carmen Sevilla. Un escritor como David que combina la tradición de una adjetivación exacta con un humor y una ironía certera, sin duda era idóneo para sacarle jugo a esta historia. Él no lo vio tan claro al principio. Sin embargo, leyendo la autobiografía de Gila, encontró aquella afirmación del humorista de "a mí me fusilaron mal", y la máquina echó a andar.

Así, con la excusa de convertir a Gila en Sherlock Holmes,  David Torres ha concebido una novela intrigante, con un escenario, Ifni, que tiene diversos sabores, a western, a drogas, prostitución, homosexualidad. De lectura muy amena pero con un poso que invita a reflexionar. Los personajes aparecen todos muy bien trazados -y con perfiles diversos-, pero a diferencia de Adela, que permanece durante toda la novela, el resto son como ráfagas de viento que nos bosquejan Ifni, nos la narran desde su perspectiva múltiple. La misma Ifni es un personaje, silencioso, árido y cegador, como el flexo de un interrogatorio, testigo de una derrota. En esto, aunque menos adjetivada, me recuerda a Mararía de Rafael Arozarena, donde la isla y sus paisajes van cercando a todos los personajes, y en especial a la Mararía. Que el paisaje en sí viva, eche su aliento, da también a la novela un poco el sabor de leyenda. Aunque el verdadero asesino de la misma no es otro que la Guerra Civil, que tiene a todos como rehenes. La mentira. La ocultación. La propaganda. No hay ningún otro protagonista, salvo la guerra, ridícula y precaria. Y en esto, en tener un protagonista inaprensible, me recuerda a Las uvas de la ira de John Steinbeck, en que sólo al final te queda clara la complejidad e injusticia de la situación. Y ¿quiénes son sus víctimas?  Las más directas, “todos los buenos soldados", aquella  tropa invisible, vendida, engañada, entregada a Ifni.

Muchas gracias David por tu visita.